Palacio Real de la Almudayna

La noticia más antigua que se tiene de este imponente alcázar, conocido en la época de la conquista con el nonbre de la Zuda, es la que da el cronicon de San Víctor Marsiliense publicado por el P. Florez, en el tomo XXVIII de la España sagrada, pág. 338: <<Anno 1185 cliristiani cepermt palatium civitatis Majoricarum et fuerunt  liberarti á captivitate>>.  Fué reedificado en 1309 por el Rey Don Jaime II, bajo los planos levantados por el P. Pedro Dezcoll monje cisterciense y procurador Real de esta isla, y desde su reedificación, en las datas de los privilegios expedidos por nuestros Reyes, se le da el nombre de Castillo de la Almudayna.

Los trabajos de escultura que se ven en este edificio, y el ángel de bronce que coronaba su homenaje y por haberse este demolido en 1831 se colocó sobre un zócalo puesto en el tejado en la parte del mar, son obra de Francisco Campedroni de Perpiñan. En este castillo tenían habitación los vireyes, desde que dejaron de residir en Mallorca los Reyes particulares de la isla,
y hoy siguen habitándolo los Capitanes generales. Despues de Jaime lI , han habitado también este castillo todos los reyes y príncipes de Aragón que han visitado la isla, Don Pedro IV en 1343; Don Martin de Aragón, duque de Montalvo, con su hijo del mismo nombre. Rey de Sicilia y su esposa la Reina, en 1392; Don Juan 1 y su Real familia, en 1395; el infante Don Alfonso, hijo del Rey Don Fernando de Aragón, en 1415; y dos veces, siendo ya Rey, en 1420 y 1432; Don Juan II de Navarra, hermano del referido Don Alonso, en 1434; Don Carlos, principe de Viana, en 1459; Don
Carlos V en 1541 y Doña isalbel II en 1860.

Las obras y reformas hechas en el Castillo Real de Palma, por los capitanes generales, le han quitado su antiguia esbeltez y gallardía; pero una lámina publicada por el Sr. don Cayetano Socías en su obra Reyes de Mallorca, da una idea muy exacta del estado en que se hallaba en el
siglo XlV. Las puertas de la Audiencia y de la capilla Real, que están dentro de este edilicio, son los únicos recuerdos visibles de su antigüedad.