ÉPOCA TALAYÓTICA

LOS PRIMEROS POBLADORES

Las islas han estado pobladas desde tiempos remotos. Las primeras apariciones de pobladores se remontan al III milenio a. C. Aunque hay indicios de una presencia humana en Ibiza y Formentera durante la Edad de Bronce, posteriormente durante varios siglos estas islas se encontraron despobladas, mientras que Mallorca y Menorca estaban habitadas por un pueblo mal conocido, cuya cultura característica era la cultura talayótica. La Cultura Talayótica que da nombre de la sociedad correspondiente, se encuentra en Mallorca y Menorca dejando al margen las Pitiusas. Sus orígenes datan de finales del II milenio a. C., cuando la llamada Cultura Pretalayótica entró en crisis y vivió su consiguiente evolución. Su nombre procede de los "talayots", que son las construcciones más emblemáticas y abundantes de la prehistoria balear, justamente el rasgo mas distintivo de la cultura talayótica es su arquitectura caracterizada por la aparición de grandes construcciones de piedra, dichas construcciones son el reflejo de el cambio social que hubo pues estas construcciones monumentales sólo se pudieron hacer bajo una nueva organización social, fuertemente jerarquizada y ordenada en torno a jefaturas, la familia como unidad productiva, propia de la Edad del Bronce balear, había dado paso a la estructuración de la producción basada en poblados, y la aparición de clases sociales.


Temas para comentar son por un lado como se construían los talayots y la forma que se les daba, respecto al como se construían los talayots se hacían a base de grandes piedras encajadas "en seco", sin cemento ni argamasa, en Mallorca la mayoría de los talayots pertenecen a dos tipos claramente caracterizados: los talayots circulares y los talayots cuadrados. Los primeros son los más abundantes, son de planta circular, sus medidas oscilan entre los 8 y los 17 metros de diámetro, y suelen estar orientados hacia otros monumentos. Los talayots cuadrados son de planta más o menos cuadrada, casi siempre con dos de sus paredes orientadas hacia los solsticios o a sus equivalentes lunares, y cuyas medidas son más estrictas, casi siempre entre los diez y once metros de lado, en cambio en Menorca en lugar de haber un patrón que defina la forma y el tamaño de estos turriformes, nos encontramos que pueden ser circulares u ovalados, e incluso hay algunos con formas más o menos rectangulares. Los hay mucho más grandes que en Mallorca, llegando hasta treinta metros de diámetro. Unos son troncocónicos; otros son escalonados, o están rodeados por una rampa espiral. Unos son macizos, con apenas unos angostos corredores en su interior; otros tienen amplias cámaras que los asemejan a los de Mallorca.
El final de la cultura talayotica fue debida a que no se resolvieron los problemas que generaron dicha cultura, dejaron de construirse talayots, y muchos de ellos fueron destruidos o reutilizados con fines diferentes a los originales, también empezaron a aparecer las primeras colonias de las potencias del mediterráneo en las islas,

La cultura talayótica se desarrolló en las dos islas mayores del archipiélago balear, Mallorca y Menorca, las que los historiadores y geógrafos de la antigüedad clásica bautizaron con el nombre de Baleares, en contraposición a Ibiza y Formentera, que eran conocidas con el nombre de Islas Pitiusas. Esta distinción arranca, sin duda, de la constatación de sustratos culturales diferentes que se plasmaron, entre otras cosas, en el desarrollo de una serie de construcciones muy características que, por su aspecto colosal, han sido definidas como megalíticas o ciclópeas. Tanto en Mallorca como en Menorca se reproducen manifestaciones arquitectónicas singulares, que conectan entre sí a ambas islas, pero también aparecen elementos similares que las distinguen. La cultura talayótica abarca a las dos pero cada una de ellas conoció un desarrollo histórico independiente y con indudable personalidad, que se concreta en la aparición de monumentos específicos, como puede ser el caso de las taulas menorquinas.


La cultura talayótica aparece en Mallorca hacia los años centrales del segundo milenio y quizá un poco después en la isla de Menorca. Los arqueólogos han acuñado el término pretalayótico para designar al período cultural que precede a aquella desde que se conocen los primeros edificios levantados mediante lajas o sillares de piedra, aproximadamente a partir del año 2000 a. C. Sin embargo, el poblamiento inicial de las islas es más antiguo, con pruebas convincentes en el caso de Mallorca donde se conocen indicios de ocupación humana desde el quinto milenio a. C. La cultura talayótica se divide en dos grandes períodos. El más antiguo abarca aproximadamente hasta el siglo VIII a. C. y se caracteriza por la aparición de los talaiots y las primeras aglomeraciones de población de cierta entidad.


En la siguiente fase se levantan los grandes poblados, aparecen las necroolopis complejas s y se construyen santuarios. Coincide este período con la aparición de la metalurgia del hierro, el desarrollo de la escultura figurativa y la intensificación de los contactos externos, en particular a través de la coloinia punica de Ibiza. La conquista romana de las Islas Baleares en 123 a. C. no significa la desaparición de la cultura indígena, aunque sí experimenta ésta un proceso progresivo de transformación, adoptando formas culturales característicamente romanas. Con el cambio de Era la romanización parece un hecho efectivo, si bien determinadas manifestaciones autóctonas perduran todavía algún tiempo, así como la utilización de los poblados talayóticos, algunos de los cuales son ocupados casi sin interrupción hasta época islámica. La arquitectura prehistórica de Mallorca y Menorca tiene una gran personalidad, que la distingue con claridad de otras formas constructivas mediterráneas, si bien guarda algunas similitudes estructurales con la que se desarrolla en las vecinas islas de Córcega y Cerdeña.